- Por supuesto. Estaré encantado de enseñarte mi cocina y al hacedor de milagros que hay en ella. - Sonrió, enganchando su brazo en el mío.
- Tío Gabe, ¿me acompañas a la sala de Lego?
- ¡Legos! - Gabe se alegró - ¿He dicho ya que me encanta montar Legos?
Entré en la cocina con Aneliese, que me presentó a su cocinera. El olor a buena comida flotaba en el aire, haciéndome la boca agua. Mientras elegía los platos para la mesa, le pregunté:
- ¿Se encuentra bien?
- Sí... ¿Por qué no iba a estarlo?