Sentir la lengua de Olivia en la mía fue como una dosis mortal de veneno... Veneno para el alma. Esa mujer podía hacer que cada gota de mi sangre se moviera por ella, que cada latido de mi corazón sucediera por ella.
Tiré de ella por la cintura, que noté más delgada, y la acerqué a mí, haciendo que nuestros cuerpos se convirtieran en uno solo. Mi polla simplemente cobró vida propia, lo que ya sabía que ocurría siempre que se acercaba a su dueño.
No sabía dónde tocarla: la cintura, para mantener