Todavía estaba tumbada en la cama intentando deshacerme de las bragas cuando Gabe, completamente desnudo, tiró de mí hacia él por las piernas, rasgando la única tela que aún me cubría. De pie, me acarició los pechos sin prisas, haciéndome rodar sobre los colchones, suplicando por su boca.
- ¡Bésalos, Gabe! - pregunté con voz llorosa.
Pero lo que Gabe hizo fue apretarme los pezones con tanta fuerza que casi grité, sin saber si era dolor o placer. Supongo que esa noche no probaría su lengua.
- No