- ¿Puedo hacerle una pregunta?
- "Sí", acepté.
- ¿Lo besaste con lengua?
- ¿Es posible besar sin lengua? - Me reí, confusa.
Gabe volvió a levantarse:
- Ahora voy a tener que hacer que le corten la lengua a mi propio hermano, chuchu. ¿Has visto las cosas que me haces hacer?
Me reí:
- ¡No harás esto, marido! Pero volviendo al punto.
- Sí, volvamos al tema: has contratado a "tres"; sí: tres, no uno, ni dos, sino "tres" hombres para que bailen en tu dormitorio semidesnudos. ¿Te acostarías con ellos