- ¡Quítate este puto reloj! - me ordenó cuando se dio cuenta de que llevaba un en la muñecaPatek Phillippe .
No me lo pensé dos veces y tiré el reloj al suelo, con la alfombra impidiendo que se rompiera.
La cara de mi mujer brillaba de lo mucho que la había limpiado (o untado con mi propio semen).
- ¡Dame la espalda! - Mi voz era altiva, como a ella le gustaba.
Olivia era una dominatrix fuera de la cama. Pero le gustaba ser totalmente dominada y yo, desde luego, nunca lo entendería. Sin embargo