Laissez-moi entrer II

Me levanté, sin ver nada delante de mí, sólo su imagen, que no abandonaba mi mente. Seguí su rastro como un perro rastreador, sintiendo su olor en el aire, como si me guiara hasta ella. Tal vez tenía razón y yo era realmente una bestia... Y las bestias sólo se retiran cuando pierden interés. Y ese no era mi caso. Yo estaba totalmente interesado. La necesitaba... Su cuello de dulce aroma que acogía mi cabeza, su cálido y dulce coño que había sido hecho a medida para albergar mi polla.

Fui direct
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