Gabe estaba esposado y ninguno de nosotros se movió, totalmente incrédulos.
Me miró y me dijo con firmeza:
- Yo no maté a Ingrid.
Salí de mi trance y corrí hacia él, abrazándolo:
- Lo sé, Gabe. Esto es sólo otro montaje... de alguien que intenta destruirnos.
- Llama a mis abogados - miró a Rael, que cogió inmediatamente el teléfono.
- Conoce sus derechos, ¿verdad, señor Clifford? - preguntó el policía que le esposó.
- Lo suficiente como para exigirte que no me toques -le aseguró Gabe-. Voy por