- Esto no es un adiós, ¡es un hasta luego, hija! - saludó a Rita y luego me miró- A pesar de todo, me debes mucho. No podría haberte aceptado en mi casa, pero no lo hice. Te di un hogar, aun sabiendo que eras la hija de la golfa con la que me engañó mi marido.
- ¿Puedo hacerte sólo una pregunta? - le pregunté. Ella no dijo nada, así que continué - ¿Querías de verdad a mi padre? Porque creo que si no lo hubieras hecho, no habrías aceptado todo lo que aceptaste...
- Le quería. Pero nunca se lo me