Ninguno de los presentes se atrevió a romper el silencio mientras los cirujanos terminaban de acercarse. Sus rostros agotados bastaban para comprender que habían pasado horas intentando salvar dos vidas. Eleanor fue la primera en reaccionar. Se puso de pie de golpe, llevándose una mano al pecho para contener un sollozo que terminó escapándose de todas formas. Sentí cómo Sebastian deslizaba el brazo alrededor de mi cintura con un movimiento casi imperceptible, manteniéndome cerca de él mientras