En cuestión de segundos, la serenidad de Central Park quedó atrás, sustituida por el sonido de los neumáticos del Maybach negro deslizándose sobre el asfalto. El trayecto hacia el hospital privado transcurrió envuelto en un silencio pesado que hacía imposible ignorar la tensión dentro del vehículo. Sebastian conducía con un control casi absoluto, aunque la mandíbula tensa y el firme agarre sobre el volante delataban el peso de todo lo que pasaba por su cabeza. Sus ojos permanecían fijos en la c