El automóvil oscuro continuaba estacionado frente a la entrada del edificio, visible desde la terraza como una presencia incómoda que se negaba a desaparecer. Aparté la mirada antes de que Sebastian pudiera notar mi expresión y regresé al sofá con la mayor naturalidad que fui capaz de reunir. Él seguía allí, acariciándome distraídamente el cabello, completamente ajeno a los hombres de su abuelo que vigilaban desde la avenida. No quería permitir que Maximilian se apoderara también de nuestras va