El estacionamiento subterráneo de la corporación estaba casi vacío. El olor a combustible impregnaba el aire y el eco de mis pasos se extendía entre las columnas de concreto mientras avanzaba hacia mi vehículo con las llaves entre los dedos. Sin embargo, mi mente seguía atrapada en todo lo que había ocurrido horas antes con Sebastian. No conseguía dejar de pensar en el niño que había sobrevivido detrás del hombre al que todos admiraban y temían. Recordar la confianza que había depositado en mí