La mansión parecía suspendida en una calma inusual. Caminé con cautela por el pasillo principal de la planta baja, sintiendo el frío de la pequeña llave de bronce entre mis dedos. Sebastian había tenido que salir a una reunión de último momento y la propiedad parecía completamente vacía. Al empujar la puerta del despacho, el inconfundible aroma a madera y sándalo volvió a envolverme. Me acerqué al antiguo cofre que él mismo me había mencionado en la oficina, introduje la llave en la cerradura y