CAPÍTULO 29: EL ESPEJO EN SUS OJOS
Jacob
Me quedo quieto, como si el piso pulido del lobby se hubiera vuelto hielo bajo mis zapatos. La niña me mira con descaro dulce; esos ojos… grises, claros, con una luz que conozco demasiado bien cuando se enciende ante un reto. Me observo en ella como en un espejo maldit0. Trago saliva. No voy a permitir que una coincidencia óptica me desarme.
—¿Cómo se llama usted? —pregunta la pequeña, medio escondida tras la falda de Elena.
—Jacob —respondo.
El niño me