—¿Quién tenemos fuera de la estación de policía? Todo es cuestión de tiempo —interrogué, tomando un sorbo de café antes de escupirlo con asco. Mis ojos se clavaron en el interno como si fuera un objetivo a abatir—. ¿Esto es un café o agua sucia de fregar platos?
—Es… su café, señor Emer —tartamudeó el pobre diablo.
—¡Ah, gracias por aclararlo! Por un momento pensé que me habías traído té de hierbas con leche de almendras —levanté la taza como si fuera prueba judicial—. Bebo mi café negro, como