La casa, por fin en silencio, respiraba con la paz de los trillizos dormidos. El suave murmullo del monitor de bebés era el único sonido que acompañaba el latido del corazón de Isabella, que aún resonaba en sus oídos. Estaba sentada al borde de la cama, envuelta en su bata de seda, sintiendo la calma posterior a la tormenta de la rutina nocturna. Había seguido los sonidos amortiguados de las risas en la bañera, las nanas cantadas a dúo y, finalmente, el silencio bendito. Todo desde la tranquili