Los quejidos lastimeros de Elías León se apagaron, reemplazados por el suave sonido de su respiración al succionar el biberón que Isabella le ofrecía en la penumbra de la habitación. Lucía y Mateo dormían profundamente en sus cunas, ajenos a la tensión que palpitaba en la casa.
En el salón, Owen y Jacob se miraron. La provocación de Isabella había dejado una estela de deseo tangible en el aire, tan espeso que podía cortarse con un cuchillo. Ambos estaban al límite de su resistencia.
— Esto es t