Isabella
La luz fría y neutra de la consulta contrastaba con el fuego que Isabella sentía internamente. La doctora, una mujer pragmatica con sonrisa amable, terminó de aplicar el anestésico local en la cara interna del brazo de Isabella.
—Listo. Ya ni lo sentirá —dijo con calma mientras preparaba el aplicador del implante. —Solo un pequeño pinchazo y... listo. Ya está. Menos de un minuto y estará protegida por tres años.
Isabella cerró los ojos un instante, no por el dolor, sino por la magnitu