Marina
El amanecer en la cabaña se siente como despertar en un sueño demasiado bonito como para ser real.
Estoy envuelta en una manta suave, con el aroma a madera impregnado en las paredes y el murmullo de la lluvia ya convertido en un susurro distante. Lo primero que siento es calor. El tipo de calor que no viene de la estufa, sino del cuerpo a mi lado, ese que reconozco incluso dormida.
Salvador.
Sentirlo ahí, saber que está a mi lado, abrazándome como si fuera el salvavidas que lo mantiene a