Salvador
Han pasado más de cuarenta y ocho horas desde que Marina desapareció.
Más de dos malditos días.
Y no hay ni una sola señal clara de dónde está.
No he dormido más de tres o cuatro horas desde entonces. Cada vez que cierro los ojos solo puedo ver su rostro, su cuerpo golpeado en esa cámara de seguridad, lo cansada que se veía… la forma en que apenas podía caminar. Y yo la eché. Yo la empujé directo a la boca del lobo.
Camino por el pasillo de la mansión con los ojos inyectados en sangre.