Marina
No sé cuánto tiempo ha pasado desde que me obligaron a salir de mi apartamento, ni cuánto tiempo he estado en esta camioneta con los ojos semicerrados y el dolor palpitante en la cabeza.
Todo me duele.
La boca, la espalda, los brazos. Y en especial la cabeza en dónde siento como el caballo se ha llenado de sangre.
Me siento rota, literal y emocionalmente. El golpe que recibí contra el suelo me dejó aturdida, con la cabeza sangrando y el cuerpo casi inútil, pero estoy aquí, sentada entre