Marina
Espiar a Renata no ha sido tan sencillo como en un principio creí que sería.
Estoy en la cocina, sentada en una de las sillas con una taza de café en las manos, observando el vapor subir lentamente mientras repaso mentalmente lo poco que he logrado averiguar sobre Renata en los últimos días.
La mujer es escurridiza. Es que parece que últimamente es más importante que el mismísimo presidente. Siempre tiene una excusa perfecta, un plan social, una comida con amigas en el club, lo que sea.