Salvador
Ponerle la trampa al topo no ha resultado tan fácil como creíamos.
A estas alturas ni Federico ni yo sabemos en quién confiar, por lo que poner la trampa nos está costando más de lo que pensábamos, pues debe verse natural.
Y para terminar de empeorar nuestros problemas, el abuelo nos ha citado a un almuerzo, lo que significa que por alguna razón no está feliz con algo y nosotros vamos a pagar las consecuencias.
Al menos yo cuento con Renata para acompañarme, ella siempre consigue calmar