Marina
Mis pies se congelan en el pavimento. Federico Montenegro me está mirando con una sonrisa que no logro descifrar.
—Bueno, no recuerdo que fueras tan callada —dice, cruzándose de brazos con aire divertido.
Me recompongo rápidamente, fingiendo seguridad.
—Hola, lo lamento, es solo que me… ha tomado por sorpresa—respondo con una sonrisa tensa.
Federico alza una ceja y mira el letrero del restaurante antes de volver a posarse en mí.
—No sabía que mi primo permitía que sus empleados trab