Capítulo 41
La mañana comenzó en la mansión Hidalgo con un aire distinto. María llevaba desde temprano revisando cada rincón de la casa, asegurándose de que todo estuviera perfecto para recibir a su hijo menor. No había nervios, sino emoción pura. Caleb era su torbellino favorito, el que iluminaba cualquier habitación con su sola presencia, aunque dejara un poco de caos a su paso. Magnus, en cambio, observaba todo desde la sala con su taza de café en la mano, en silencio, como siempre. Esperan