Habían pasado tres meses desde la noche en que Magdalena regresó de entre los muertos.
La Hacienda Los Olivos ya no era la misma. Las paredes habían sido pintadas de nuevo, los muebles cambiados, y el aire parecía más ligero, como si la tierra misma hubiera respirado aliviada al deshacerse de Víctor Montalbán.
Magdalena se encontraba en el balcón principal al amanecer, con Alejandro dormido contra su pecho. El pequeño tenía ya cuatro meses y empezaba a sonreír cuando escuchaba la voz de su madr