El disparo resonó en el salón como un trueno.
La bala impactó en el hombro de Víctor, justo donde Mateo ya lo había herido. El hombre cayó hacia atrás con un grito de dolor, pero no murió. Magdalena había apuntado deliberadamente para no matarlo.
—No —dijo ella con voz gélida, bajando el arma—. No vas a morir tan fácilmente.
Se acercó lentamente hasta quedar de pie sobre él. Los invitados que aún quedaban en el salón observaban la escena en completo silencio, aterrorizados.
—Llevadlo al sótano