La hacienda Los Olivos estaba en completo silencio cuando Rafael y Magdalena regresaron de Granada con Mateo sano y salvo. El niño, agotado por el largo viaje y todo lo vivido, se había quedado profundamente dormido en brazos de Rafael durante el camino de vuelta.
Magdalena no podía dejar de mirarlos. Ver a ese hombre fuerte y peligroso sosteniendo a su hijo con tanta delicadeza le provocaba una emoción que apenas podía contener.
Cuando entraron en la casa, Anselmo los recibió con lágrimas en l