El incendio fue solo el comienzo.
Durante las siguientes dos semanas, la presión sobre la Hacienda Los Olivos se volvió asfixiante. Dos pozos fueron contaminados con cadáveres de animales. Tres trabajadores aparecieron golpeados salvajemente en los caminos cercanos. Y cada tres o cuatro días, llegaba una nueva nota de Víctor.
Magdalena ya no las leía en voz alta. Las quemaba en cuanto las recibía.
Una fría mañana de diciembre, mientras revisaba los daños del último ataque junto a Rafael, un jin