Habían pasado cinco días desde que Mateo desapareció.
La tensión en la hacienda Los Olivos se había vuelto insoportable. Magdalena apenas comía ni dormía. Pasaba las horas caminando de un lado a otro del despacho, esperando noticias que no llegaban. Rafael había salido hacia Granada con tres hombres de confianza, pero desde entonces solo había recibido un telegrama breve: “Todavía buscando. No te muevas de la hacienda.”
Aquella noche, Magdalena estaba en su habitación cuando escuchó ruido en el