A la mañana siguiente, Sevilla amaneció con un rumor que corría más rápido que el viento.
La carta había sido publicada.
No era la más comprometedora, pero era suficiente. En ella, Amelia Montalbán le suplicaba a su hermano Gonzalo que la protegiera de Víctor, describiendo con detalle sus celos enfermizos y sus accesos de violencia. La carta estaba firmada y fechada, y el notario había certificado su autenticidad.
Víctor Montalbán se enteró mientras desayunaba. La taza de café se le resbaló de