La decisión estaba tomada. Irían a Sevilla.
Magdalena terminó de cerrar el pequeño baúl con manos temblorosas. Dentro llevaba solo lo necesario: dos vestidos sobrios, la caja con los documentos que habían desenterrado del olivo, y una pequeña pistola que Rafael le había regalado semanas atrás.
Rafael la observaba desde la puerta de la habitación, con los brazos cruzados. No había dormido bien en toda la noche.
—¿Estás segura de esto? —preguntó por tercera vez.
Magdalena se giró hacia él. Sus oj