Diez años después.
La Hacienda Los Olivos brillaba bajo el sol de una tarde de junio como nunca antes.
Los olivares se extendían más frondosos que nunca, cuidados con amor y dedicación durante una década de paz. Nuevas vides crecían en las laderas sur, y la escuela que Magdalena había fundado ya tenía más de ochenta alumnos que aprendían a leer, escribir y soñar con un futuro mejor.
Magdalena, con cuarenta y tres años, observaba todo desde el balcón principal. Su cabello tenía algunas hebras pl