Luna Navarro se despertó con el primer rayo de sol filtrándose por las cortinas de la habitación principal. Habían pasado cuatro años desde que reveló el diario completo de Magdalena. Cuatro años en los que la Fundación había crecido más allá de lo imaginable. Ahora tenían sedes en ocho provincias, un programa internacional de becas y un archivo digital que recibía visitas de todo el mundo.
Pero esa mañana, Luna no pensó en números ni en logros. Pensó en silencio.
Se levantó, se puso un vestido