89. Ya viene
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Adara
Me levanté de la enorme cama solitaria como cualquier día tranquilo ya que mis sexys lobos ya estaban trabajando arduamente desde el amanecer, senti el peso del embarazo en cada movimiento. Apenas logré acomodarme cuando mi madre entró con una bandeja de desayuno.
—Tus mates dijeron que no te sentías bien —dijo con una risita, mientras colocaba la bandeja en la mesita de noche.
—Claro, este niño no me deja dormir y no paro de ir al baño —me quejé, dejando caer la cabeza contra las a