81. Día de Spa
Adara
Mi estómago crecía cada vez más conforme pasaba el tiempo, Sienna era como un cervatillo asustadizo, pero me acompañaba a dar caminatas por los pasillos de la mansión y para que no temblará como una hoja frente a extraños le pedíamos a los trabajadores que no pasarán a esas horas por allí.
—Gracias por acompañarme hoy —le dije a Sienna quien se veía feliz y avergonzada, con las mejillas rosas.
Es una mujer muy valiente, ojalá tenga lo que se merece más adelante. La vida le debe mucha feli