70. No era digno
70 Ekaterina
—¿Cómo que no responde? —le pregunté a mi súbdito.
—Como lo oye, mi reina —responde con una reverencia, esperando que no le corte la cabeza por idiota— le hemos enviado varios mensajes, llamadas y cartas y ninguna las responde.
—¿Sigues esperando por él? —pregunta el estúpido duende por el que estoy metido en problemas.
—¡Damon jamás me daría la espalda! —exclamé enojada mirando a Rumpel— esto es enteramente tu culpa.
La risa que suelta me pone de los nervios, gruño enojada lanzado