59. Será mí muerte
59 Alaric
Un crudo deseo invade mis venas cuando veo que Adara obedientemente abre la boca llevándose la punta de verga a su cálida boca.
Gemí y dejé caer la cabeza atrás dejándome llevar por el cúmulo de sensaciones que Adara provocaba en mí.
—Que buena loba eres —alaba Mason entre sus piernas— las lobas obedientes se llevan un premio.
Mis ojos se abren y van directamente al vértice de los muslos de Adara y veo a Mason abriendo sus piernas con sus hombros, un dedo se pasea arriba y debajo