22. Sospechas
22 Adara
Saber que mi madre seguía viva era un alivio para mí, los chicos pedían que me relajara y lo intenté en serio que sí.
Pero no podía hacerlo.
Estaba de nuevo en el cuarto de Mason y me sentía un tanto incómoda.
—¿Por qué no comes más? —preguntó Alaric siempre atento.
—No tengo mucha hambre —respondí con voz pequeña.
Me sentía pequeñita.
—¿Por qué no te conviertes en lobo? Tus heridas sanaran más rápido —Mason me aconseja.
—No, estoy bien así —le dije simplemente.
No lo conocía t