Lois
La tarde caía sobre la cabaña como una manta pesada. Faltaban solo dos días para la luna llena, y el aire parecía cargado con esa anticipación, un zumbido sutil que me ponía los nervios de punta. Los gemelos habían salido esa mañana para asuntos de organización con su padre, dejándome sola con mis pensamientos y un libro viejo que apenas podía concentrarme en leer.
Me sentaba en el porche, las piernas cruzadas bajo mí, cuando oí el crujido de neumáticos sobre la grava. Un auto se acercaba,