Cuando abrí los ojos y fui consciente de mí misma, me encontraba en el castillo. Miré hacia el familiar techo de mi habitación, las rosas que no faltaban a dónde fuera que viera, sintiendo la paz y la tranquilidad de estar en casa.
No sabía cuando comencé a considerar el castillo como mi hogar, sin embargo, así era como me sentía.
Como si hubiera llegado a mi hogar luego de un largo, realmente largo, viaje.
Por un momento, me olvidé de que existía el peligro. Olvidé todo sobre los vampiros, sobre la sangre y sobre la sombra de la rosa. Olvidé que Dominik Black seguía por allí, en algún lugar, escondido. Ya no quería saber nada de ellos, quería por al menos un rato, sentirme humana. Una común.
¿Donovan me amaría si no estuviera predestinado que así fuera? Porque yo ya tenía claro que mis sentimientos hacia él eran tan reales e imponentes, que no había manera de que no me enamorara de él, sin importar las circunstancias.
Solo con su rostro, cualquier humana se enamoraría de él. Ahora, s