Ella me miró como si le hubiera clavado un puñal en el pecho. Probablemente así fuera para ella.
Se alejó de mí. Cuando su piel estuvo lejos de mi tacto, sentí como si hubiera perdido algo importante.
Di un paso hacia ella inconscientemente, necesitando saber que ella estaba al alcance de mi mano.
—Tú...
—Escúchame —supliqué.
Se veía tan pequeña, apenas envuelta en mi abrigo. Tan rota, tan amarga. Quería complacerla, quería darle lo que me pedía tanto que me quemaba.
—¡No! —gritó.
—Juliette.
In