—No, no puedes morir.
Alguien intentaba darme agua. Por instinto, intenté beberla, derramándola por todo mi cuerpo.
Si yo moría...
Él moría conmigo.
No. No podía permitirme morir, no así. No cuando eso implicaría que Donovan muriera conmigo.
—Sálvame —supliqué, a quien fuera que estuviera delante de mí.
—Te sacaré. Te sacaré —repitió la voz temblorosa de Irelia.
—¿Qué demonios hay en el campamento tres? —pregunté con voz rota.
Estaba ronca a causa de los gritos desgarradores que estuve soltando