Santiago se encontraba conduciendo hacia la ubicación que Elizabeth le había enviado por mensaje de texto. Había logrado llegar antes y estacionó su auto frente al lugar acordado. Mientras esperaba pacientemente, pudo ver a Elizabeth acercándose con un conjunto deportivo que resaltaba su belleza. Parecía estar nerviosa, pero también decidida.
—¡Hola, Santiago! —saludó Elizabeth, con una sonrisa tensa en su rostro—. Gracias por venir.
—Hola, Elizabeth —respondió Santiago, devolviéndole la sonrisa