Noah jadeaba, el brazo le ardía por la quemadura de la bala, pero no perdió la claridad.
El corazón le golpeaba como un tambor en las sienes, pero su instinto gritaba lo mismo… ganar tiempo, protegerla a ella.
—Vámonos. —Su voz salió ronca, urgente. La tomó del brazo con una fuerza desesperada y la arrastró hacia el carro.
Valeria apenas podía coordinar un paso. El cuerpo entero le temblaba, la respiración era un jadeo roto, el corazón enloquecido contra sus costillas.
Apenas sintió cuando No