Mientras Álex meditaba su próximo movimiento, Josefina apareció de golpe desde la cocina. Empuñaba una sartén como si fuera un arma y sus ojos resplandecían con furia.
"¡Estoy harta de estas tonterías!" Gritó.
Uno de los matones se lanzó hacia ella, pero Josefina, con un movimiento veloz y certero, le estampó la sartén en plena cara. Se escuchó un crujido nauseabundo al quebrarse su nariz, y el hombre cayó desplomado al suelo.
Álex la observó con un destello de admiración. Josefina seguía siendo