"Quédense aquí". Les ordenó Álex a los niños con firmeza, luego corrió hacia la casa sin vacilar.
Dentro, dos hombres se erguían amenazantes: uno apuntaba un arma hacia Josefina, mientras que el otro luchaba por levantarse del suelo, clara señal de que ella ya había presentado batalla.
Una anciana permanecía sentada en silencio en su silla de ruedas, con miedo y desafío brillando en sus ojos.
"Suelta ese palo", le gritó el hombre armado a Josefina. "Esta vez no voy a fallar. ¡Te voy a disparar!"