José saltó de su silla en el instante en que escuchó el rugido de un auto acelerando por la calle.
—Es el auto de William.
Corrió a la puerta trasera, esperando encontrar a Josefina, pero todo lo que lo saludó fue una pila de basura que ella estaba a punto de tirar.
Su estómago se desplomó.
—Ese maldito bastardo! ¡Se la llevó! —la rabia hizo temblar su voz.
Irrumpió en la casa, dirigiéndose directo a las llaves de su camioneta.
—¿A dónde vas? —preguntó Lucía, alarma destellando en sus ojos.
—Wil