—¿Qué diablos acaba de pasar? ¿Ya terminó la pelea?
Un silencio atónito se extendió por la multitud mientras todos los ojos se fijaron en el luchador élite de Chicago, tirado inmóvil en el suelo: inconsciente o dormido, nadie podía estar seguro.
La incredulidad rebotó entre los espectadores.
Todos habían asumido que el conserje no tenía oportunidad, pero la batalla había terminado con un giro impactante. Aún más extraño, el conserje simplemente había sugerido que su oponente durmiera, y ahora el