—¡Finalmente, Owen está aquí! —Bella soltó una risa encantada, sus ojos brillando de alivio.
—¡Bella! ¡Scarlett! ¿Están bien? —el hombre alto de hombros anchos corrió hacia ellas, ignorando completamente a Álex como si fuera invisible.
Se paró con una presencia imponente, ojos agudos e irradiando un aire inconfundible de nobleza que lo distinguía de la gente común.
—Estamos bien —respondió Bella, su voz brillante de gratitud—, todo gracias a Álex, quien nos salvó.
—¿Oh, en serio? —el tono de Owe